La Autoevaluación

Estamos en el último día del año, 31 de diciembre de 2018.

Enero será un mes intenso de cierres y valoraciones. Aunque en muchos casos ya habrás podido prever cómo va a finalizar el 2018 ahora ya tienes la certeza.

Todo esto invita siempre a hacer balance y plantearse propósitos.

Por descontado no tocaré el tema de los propósitos personales en este post, ya que nuestro enfoque es hacia el entorno laboral, pero el momento del año es perfecto para hacer ambos balances.


Lo que te encontrarás en este artículo:


#1. La autoevaluación en la evaluación del desempeño.

Si tienes suerte en tu empresa cuentas con un proceso formal de evaluación del desempeño, si tienes más suerte todavía ese proceso contará con una primera fase llamada autoevaluación.

La autoevaluación es la oportunidad para poder valorar tu rendimiento durante el año y prepararte para poder argumentar o compartir aquellos casos o circunstancias que, desde tu punto de vista, apoyan el trabajo y los resultados obtenidos durante el transcurso del año.

Pero no sólo es eso, también es la oportunidad para que puedas pensar en aquellas cosas y mensajes que quieres transmitir a tu responsable. Cómo te encuentras en el equipo, qué sensaciones tienes, qué funciona para ti y qué no, cuáles son tus expectativas de crecimiento… y todo aquello que pueda inquietarte.

Por lo tanto no sólo te centres en pensar en tu rendimiento sino que aprovecha para comentar todo aquello que te inquiete vinculado a ti, al equipo o a la empresa.

Por supuesto siempre te invitaré a tener estas conversaciones durante todo el año, no esperes ni al final del ejercicio ni al proceso de evaluación de desempeño. De todas formas no te negaré que la «obligatoriedad» y el formalismo del proceso ayuda mucho a que estas conversaciones sucedan.

#2. Pasos para hacer una autoevaluación.

El primer paso que debes seguir es muy simple y de perogrullo, pero también tan obvio que muchas veces no lo hacemos… ¡bloquéate tiempo!

Otro día comentaré las ventajas de la técnica de productividad «time blocking», pero en este caso abre el calendario y dedica entre 2 y 3 horas para realizar tu autoevaluación.

Con el tiempo bloqueado y centrado en la tarea debes empezar por identificar aquello que quieres medir.

Como comentaba al inicio de este post, si tienes suerte y ya trabajas con un proceso de evaluación del desempeño seguramente tendrás una serie de competencias predefinidas que se usarán para reflexionar sobre cómo las has mostrado en tu comportamiento durante el año. Si no es así no bajes los brazos, sigues pudiendo hacer una autoevaluación de tu rendimiento.

Antes de continuar déjame que comparta contigo una reflexión. En mis más de 15 años trabajando en recursos humanos me he encontrado todo tipo de casos, y puede ser habitual el pensamiento o reflexión de algunas personas respecto a la evaluación en la línea de «mi jefe no se sienta conmigo para darme feedback», «si mi jefe no me evalúa, ¿porqué tengo que autoevaluarme?» o «mi jefe no muestra ningún interés y despacha con velocidad durante la conversación».

Bien, estamos todos de acuerdo que si ese es tu caso, tu jefe merece una ayuda para entender qué quiere decir eso de gestionar personas (no lo digo yo, pero todos los estudios apuntan a que dar feedback es la base para conseguir ser un buen manager, hay un libro que te recomiendo especialmente sobre esto que es «First Break All the Rules: What the World’s Greatest Managers Do Differently»). Pero por ello no debes abandonar la oportunidad de autoevaluarte o incluso de pedir tiempo de tu jefe para que te dé feedback.

El feedback es fundamental para que puedas entender en qué situación estás y qué futuro te puede ofrecer tu empresa, no renuncies a ello, tu eres el principal beneficiario de este proceso, así cómo tú eres el único responsable de tu desarrollo profesional.

Ahora identifica y escribe aquellos hitos que has conseguido este año. ¿cuáles eran los retos?, ¿has conseguido llevarlos a cabo?, ¿de qué manera?.

Si tenías objetivos planteados para el 2018 eso es perfecto para iniciar la autoreflexión, si no los tenías tendrás que hacer un poco de trampas y repasar aquellos eventos importantes que podrían haber sido tus objetivos.

Un vez identificados y valorados los objetivos es importante que identifiques aquello que ha funcionado o aquello que no.

Es muy relevante ponerte en el centro de la acción a la hora de hacer este balance. La facilidad para hacerlo depende mucho de tu perspectiva vital.

Lancemos una creencia lapidaria: «nada depende de nosotros porque siempre hay efectos y acciones externas que nos afectan».

Sí, sí, es verdad, sin lugar a dudas. Esto no te lo negaré.

¿Y ahora qué?

Si nos quedamos aquí ya podemos despedirnos de la autoevaluación, del feedback, y de la mejora. Nada depende de ti, por tanto no hay manera de poder actuar sobre procesos, relaciones o resultados. Capítulo cerrado.

Esto es una exageración pero ilustra cómo a veces funciona nuestra mente y cómo debemos evitar caer en su trampa.

Asumiendo que vivimos en un ecosistema de personas y cosas interrelacionadas la gran cuestión es qué haces tú dentro y qué puedes hacer diferente o mejor para cambiar cosas. Sin esta reflexión estás perdido, en manos del entorno, sin poder actuar y sin ser dueño de tu vida.

Vale, eso suena mucho a libro de autoayuda, pero sirve para ilustrar claramente que la mejor manera de afrontar una autoevaluación es siendo sincero contigo mismo y poniéndote en el centro de la acción.

Si no se consiguieron resultados, ¿qué hice YO para que pasase?, ¿qué pude haber hecho diferente YO para cambiar las consecuencias?.

Se trata de ir elaborando y profundizando desde el hecho más evidente o menos discutible (los hitos o los objetivos) identificando habilidades, acciones y comportamientos propios.

#3. ¿Qué puedes conseguir con la autoevaluación?.

Vamos a repasar los beneficios de una buena autoevaluación.

En primer lugar y un como algo claro y directo es que te ayuda a preparar la sesión de feedback con tu responsable. Esas conversaciones no son de a las que debes ir en blanco, a improvisar, porqué, entonces, siempre salen mal.

Si tu responsable es bueno habrá pensado en ti, en lo que has hecho y en el cómo lo has hecho. Tendrá identificado ejemplos y habrá listado fortalezas y áreas de mejora. Si tu responsable es bueno y no preparas tu autoevaluación pus no serás más que un mero espectador de lo que te diga. ¿Realmente quieres jugar ese rol?

Si tu jefe es «malo» también irá a improvisar, no habrá preparado nada, o habrá realizado una valoración superficial del desempeño del año. Si eso te sucede rellena los huecos de su evaluación con tus autoreflexiones y dile cómo ves tú las cosas. No pierdas esa oportunidad.

En segundo lugar, y quizás el beneficio más relevante, es tu propio desarrollo profesional.

No nacemos perfectos y, en la medida en la cual crecemos profesionalmente, los retos nos obligan a desarrollar nuevas habilidades (sobretodo en el entorno cambiante en el  que vivimos actualmente).

Por eso es importante que mantengas el foco de la autoevaluación en tu desarrollo, en identificar nuevos objetivos de crecimiento, sin juzgar o valorar las causas actuales vinculadas al entorno.

Y por eso una de las partes más complicadas de este ejercicio es el de identificar un plan de desarrollo para ti y tus habilidades. Y, no te engañes, realizar formaciones está bien, pero la única manera de desarrollarte y mejorar pasa por hacer cosas.

Si quieres hacer mejores presentaciones en público una formación te puede dotar de herramientas pero sólo mejoraras… adivina… ¡haciendo presentaciones en público!, si quieres dar mejor feedback una formación te puede dar consejos, pero sólo mejoraras… adivina… ¡dando feedback! y así podría seguir escribiendo sin límite… 😉

En tercer lugar te ayuda a rastrear tu evolución a lo largo del tiempo y ver y sentirte en proceso de evolución.

Los que tenemos niños lo vemos claramente. En lo primeros años de vida la evolución y aprendizaje son muy visibles y evidentes. Nadie duda de que un niño crece y desarrolla nuevas habilidades.

Cuando nos volvemos adultos a veces nos anclamos en creencias autolimitantes que nos arrastran a pensar que no se puede mejorar ni cambiar (no se puede enseñar un truco nuevo a un perro viejo, ¿verdad?) pero lo cierto es que las habilidades si que se pueden entrenar. Podemos relacionarnos mejor, podemos liderar mejor, podemos adaptarnos con mayor facilidad.

Seguramente los motivadores internos (concepto desarrollado por McClelland o por Marston) son de las cosas más arraigadas en los profundo de nuestra personalidad y más extraño son que varíen. Pero las habilidades… eso es harina de otro costal.

## Conclusiones.

Este ejercicio no es fácil, te lo aseguro, pero es la mejor manera de poder evolucionar y de sentirte y ser dueño de tu progreso.

No peques de perfeccionista en el proceso. Yo he aprendido en mi propia experiencia que es mejor hacerlo sin tener que ser, necesariamente, un proceso perfecto, que no hacerlo. Además, cuanto más lo hagas, mejor te saldrá (todo son horas de vuelo).

¡Espero que este post te ayude!

Y si te quedan dudas o preguntas o quieres profundizar más en algo, ¡dímelo en los comentarios!

¡Nos leemos!


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Publicado en Dirigir Equipos

Guillermo Cornet Ver las entradas de Guillermo Cornet

Guillermo es un profesional de Recursos Humanos entusiasta, positivo y orientado a negocio con más de 15 años de experiencia tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Ha podido desarrollar su carrera profesional viviendo en otros países (Argelia y Costa de Marfil) colaborando estrechamente con culturas muy diferentes.

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